Loxa

Estampas y bailes a partir de los experimentos radiofónicos de Juan de Loxa.

UN PROYECTOR DE FLAMENCO, MÁS QUE UN PROYECTO,
DE LA BAILAORA LEONOR LEAL

(PARA JUAN DE LOXA, UNA NIÑA)

 

Lo que empezó a surgir en las investigaciones de Leonor Leal y su interlocutor, Juan de Loxa, fue algo más que una pesquisa, fue un flechazo, un amor. A Juan le encantaba su cabeza, su peluquería y el andar de bailaora, todo en el mismo lote. “¡Ay!, ¡si yo pudiera comentarle a Pilar!” y se refería a Doña Pilar López, la gran maestra del baile de después de la guerra civil española. Pero rebobinemos, porque Leonor Leal llegó a Juan de Loxa para hablar de Ceremonial, de ¡Ay, jondo!, de sus colaboraciones con la Compañía de Teatro Gitano Andaluz de Mario Maya y quedaron atrapados en una conversación que llevó por muchas cosas más. Juan, lo mismo te enseñaba una balanza de níquel, un objeto precioso y futurista que te desplegaba un abanico y te hacía, ¡así, niña, así!, mientras una cascada de palabras interminable repasaba la Granada de Julio Egea y Enrique Morente, de Poesía 70 y de Carlos Cano y de la poesía fonética y de Andy Warhol y Marifé de Triana, juntos por cuchillos, calaveras y besos, de Heredia Maya y Mario Maya, la época Maya del flamenco, antes de los aztecas, que los aztecas vinieron después… sean ustedes conscientes, lectores, que intento aproximarme mínimamente al decir de Juan de Loxa, a su expresión y su dialecto y me resulta casi imposible o imposible, ¡vaya!… y es que su mezcla de lo culto, lo popular y la vanguardia era y es una conjunción única. No sólo el juego de los tres elementos, la vanguardia, lo culto y lo popular, si no su manera de entenderlos a los tres de una sola vez, sin comas ni puntos y aparte. Y eso, ¡ahí está!, es lo que atrapó en la red a Leonor Leal. Ella estaba en esa misma encrucijada de caminos, lo popular, la vanguardia y lo culto, y lo ensayaba y lo buscaba pero, de pronto, encontrarlo así, de una vez y sin separaciones. Eso era emocionante. Poder escucharlo de una voz tan viva en un cuerpo cansado, eso era un deleite, un momento especial del afecto.

Juan de Loxa, en efecto, pensó siempre que la vanguardia solo salía de ahí, de esa falta de separación entre culto y popular que eran, sí, la misma cosa. Había entendido bien porque Lorca o Alberti o Aleixandre hablaban de la poesía cubista o de la surrealista como algo que ya era una tradición popular en la poesía española. Y se aplicó al cuento. Juan, además, vivió un momento crucial en ese cruce de caminos, valga la redundancia y la abundancia, la mercantilización, la sociedad de consumo y el desarrollo del gusto por parte de las masas eran para él, no necesariamente el camino de la alienación, eran una oportunidad, también, pues ahí, en ese pop publicitario que triunfaba estaba el peligro, sí, pero también la salvación. Su compromiso político durante el tardo franquismo y su abierta condición homosexual fueron delicados escenarios desde los que plantear esa relación con lo popular en lo que lo íntimo era también lo político. Sabía que la mercancía podía convertirse en fetiche pero que de eso no necesariamente tenía que resultar la fetichización, es más, quizás la sacralización poética de la cosa podría frenar el peligro consumista del capitalismo. Los escarceos, idas y venidas constantes, de Juan de Loxa por esa imaginería estaban llenos de precauciones y de sobresaltos, entraba y salía… Juan era un crítico demoledor del consumismo, pero incapaz de negarle la chocolatina de menta en la mesa del pobre.

No estamos desarrollando su currículum, no se trata de eso, sería interminable, desde los años 60, en Granada o en Madrid, cuando rascas en algún flamenco interesante, siempre aparece Juan de Loxa. Hemos hablado de Mario Maya, pero también con Enrique Morente hizo ese disco en Fuentevaqueros, un tesoro de donde nace toda la enjundia lorquiana de Morente. Un regalo, decía Enrique, “lo que me hizo Juan de Loxa fue un regalo”. Y esa idea del regalo es fundamental para nuestro propósito. Cada vez que quedaban, Juan le llevaba un regalo a la niña, a Leonor Leal. Los últimos años de su vida, Juan dedicó mucha mesa de camilla a explicarle y trasmitirle a Leonor eso que eran sus cosas. Había algo, Juan de Loxa siempre hablaba de que iba a hacerle un regalo, es decir, a escribir algo para que lo hiciera “la niña”. Pero eso, se acabó con su muerte, bien finiquitado quedó. Más, la idea básica es esa, esa continuidad, esa regalía. 

Ahora sí, es Pedro G. Romero el que habla. Cuando murió Juan de Loxa, a los pocos días, me llamó Mariana Ovalle, la viuda de Mario Maya, para decirme que Juan, en sus últimos días, le había dejado un sobre para mí y que ella se marchaba de viaje pero que podía recogerlo en el tablao Los gallos, allí me lo daría Doña Blanca. Yo había conocido a Juan de Loxa porque resaltábamos su influencia en la escena flamenca y teatral en la exposición Máquinas de Vivir que presentamos en Madrid y Barcelona y de la que Leonor Leal era colaboradora. Juan quedó encantado de la manera en que le leíamos. En realidad, nos conocíamos de antes, pues los productores de aquella exposición y viejos amigos de ambos, Joaquín Vázquez y Miguel Benlloch –este último, hizo mucho de celestina para que nuestras conversaciones cuajaran bien, es verdad- eran originarios de Loja, origen de la Loxa final que apellidaría a Juan. También, hablamos, claro está de José de Val del Omar, el más importante artista de Loja y que ya hacía que Juan reclamara para su pueblo un puesto importante en la modernidad española y andaluza, una cumbre del arte contemporáneo de toda Europa. El caso es que, volviendo a la carta sellada que me guardaba Doña Blanca, un marco escenográfico y una peripecia, la de esa misiva, que Juan parecía haber diseñado muy bien, en realidad, lo que el sobre contenía eran unos papeles, fotocopias de sus primeros textos flamencos llenos de correcciones y anotaciones al margen, vinculando muchos de sus asertos y versos con cosas que habían realizado otros artistas flamencos no sólo en su presente o en el futuro, también en el pasado. El anacronismo anacronista era una de las principales herramientas de Juan, instrumento fundamental de su poética. Ya digo, no era nada pomposo, nada del tipo yo hice esto o yo hice lo otro, simplemente era una genealogía y una arqueología de lo que habían sido sus relaciones con el flamenco, con la copla, con lo jondo. Tampoco le di yo mucha importancia a la misiva y la almacené en su apartado correspondiente de mi archivo, donde Juan de Loxa tenía entrada propia. Pero revisando esos mismos escritos para este proyecto en el que me embarca Leonor Leal, veo, que lo importante no era solo el tesoro de informaciones que Juan me daba, también el tiempo adverbial y la cortesía y los protocolos eran importantes. El flamenco es un arte de archivo que, a la vez no tiene memoria. Juan siempre lo decía, los flamencos a fuerza de tener que hacerse un pasado se lo inventan, eso en el flamenco se llama investigación. Pues bien, obviando el documento me di cuenta de las otras cosas que Juan de Loxa me decía en la carta. “Y a la señorita Leonor Leal le dejo que haga lo que quiera”, escribía Juan misterioso, “a la investigadora que no investigue más y que haga lo que quiera”, repetía. Y aquí estamos, a ver cómo sale esto, Juan. Parece que hay ganas.

Entonces, el proyecto pretende consolidar esa manera de hacer propia de la bailaora Leonor Leal. Por eso insisten sus colaboradores, y aquí está Pedro G. Romero escribiendo. Por eso, María Muñoz y PepRamis (Mal Pelo) van a estar, también, en la dirección escénica, como ya María Muñoz hizo en “J.R.T.“o en “Nocturno”. Por eso está Antonio Moreno y Juan Jiménez, o sea, Proyecto Lorca, que trabajan en Utrera donde ahora vive, también, Leonor. Y, quizás, por eso también el gran Tomás de Perrate, que es Utrera mismamente, y María Marín, que es de Utrera y ahora está en los Paises Bajos. Y Salvador Gutierrez (guitarra), guitarrista de Écija con larga trayectoria y que trabajó con Mario Maya.
Porque esto son cosas que se están hablando y que sumamos de las conversaciones con Juan de Loxa que invitaba a distinguir entre la danza y el baile, que eran la misma cosa, pero había que distinguirlas, unas veces una danza nos parece danza y es baile y otras un baile nos parece baile y es danza, son distinciones que se deben saber, sí, eso era bueno saberlo, que son la misma cosa y son cosas distintas a la vez, y eso lo sabe bien Leonor Leal.

Texto de Pedro G. Romero

En palabras de Leonor Leal

“Conocer a ciertas personas en la vida te puede abrir una ventana, una puerta o la cabeza si es que hay un click. Juan de Loxa corresponde a esto último para mí.

Poeta, creador, intelectual, flamenco, orador, impulsor, generador de ideas, movilizador de fantasías… Su humor, su elocuencia y su versatilidad me cautivaron. Conocerlo me hizo sentir como en casa. Compartimos largas charlas y planeé mil cosas para ver juntos. Fue un amigo tardío y fugaz pero las neuronas me las dejó bailando. Tanto es así que en esta propuesta me permito seguir conversando con él, de alguna manera, aunque ya no esté. Es tan grande mi curiosidad por sus propuestas sobre lo que él llamó “Jondismo” o el penúltimo -ismo de vanguardia, que me embarco en este reto sabiendo que mil cosas me sorprenderán dentro de esta “caja de galletas”. Y lo digo porque aún me acuerdo de una caja de galletas de chocolate que un día me trajo y que con cierta extrañeza agradecí. Días más tarde, cuando fui a abrirla para merendar en mi casa, me encontré que dentro me estaba esperando una cerámica granadina muy bonita pero que no se comía. Así me dejó. Sorprendida y sonriendo. Juan siempre me regalaba cosas con otra apariencia.
Este espectáculo parte de mi deseo de conocerlo aún más, no sólo para recordarlo sino para seguir creando desde él y rozar, quizás, el techo de una carpa de circo o el raigón de su Andalucía cruda y peluda.
El cante de Morente o los pies de Mario Maya fueron poemas convertidos en utensilios de batalla para él. Para mí, Loxa es en sí mismo un utensilio de batalla, pero también de vanguardia y de un largo etcétera más fácil de contarlo bailando y cantando que aquí.
SIGUE BUSCANDO, decía el interior del envoltorio de los Palotes de fresa de cuando éramos chicos.
¡LOXA! Diría cuando te tocase el premio.
¿Te imaginas, Juan?”

Leonor Leal

Ficha artística:

‘Loxa (estampas y bailes a partir de los experimentos radiofónicos de Juan de Loxa)’

  • Dirección, coreografía y baile: Leonor Leal
  • Aparato y consultoría artística: Pedro G. Romero
  • Colaboración en la dirección: María Muñoz y Pep Ramis (Mal Pelo)
  • Percusiones: Antonio Moreno (Proyecto Lorca) /Saxos: Juan Jiménez (Proyecto Lorca) /Cante: Tomás de Perrate /Guitarra y cante: María Marín /Guitarra: Salvador Gutiérrez
  • Iluminación: Carmen Mori 
  • Banda sonora: Fanny Thollot (a partir de audios originales de «Poesía 70»)
  • Imágenes proyectadas: Raúl Guridi
  • Textos: guiones originales de Juan de Loxa para «Poesía 70» y fragmentos del prólogo de la antologia poètica «Jondos 6», escrito por Miguel Romero Esteo en 1975
  • Diseño de vestuario: Marlota,Teresa Baena y Carme Puig de Vall i Plantés
  • Técnico de sonido: Manu Meñaca / Técnico video: Fernando Brea
  • Producción: Leonor Leal y Cisco Casado (a negro)
  • Con la colaboración del Ministerio de Cultura – INAEM, Instituto Andaluz de Flamenco de la Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Utrera y Ayuntamiento de San José de la Rinconada

Ver espectáculo completo

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Prensa

‘LOXA / Leonor Leal’

“Tierra de luz, Cielo de tierra” Federico García Lorca (Poema del cante jondo)


En sus múltiples proyectos, y especialmente en su labor poética (con el despliegue acústico e incluso radiofónico y la posibilidad visual e incluso plástica de sus poemas), el vigor creativo de Juan de Loxa tenía que ver menos con el reposo que con lo inestable. Estar “en el aire” implicaba para él no sólo una circunstancia de la actividad radiofónica, sino dar valor a la palabra viva y escurridiza. No es raro que el descenso jugara un papel privilegiado en su visión del mundo. Lo manifestó con el “jondismo”, movimiento que lideró tratando de recuperar en poesía el insondable espíritu del “cante jondo”. Y por supuesto consideró la caída como lo primario del ser humano. El “Hombre” -dice uno de sus más célebres poemas- es un ángel mutilado, desalado. Aunque juzgaba, como Pascal, que si ya no era ángel, tampoco era bestia: ni lo uno ni lo otro, y a la vez lo uno y lo otro; alterada criatura de intervalos. Olalla Castro, gran conocedora de su obra, señala que lo propio de su poesía es exponer ese sitio intersticial, el lugar escamoteado de lo fronterizo. Por eso su poética de la simbiosis juega con los diversos sentidos de la preposición “con”, propio del universo doble, algo así como un ente híbrido, en el sentido de la sirena y del centauro en los que la mujer pez y el hombre caballo lo son. Nietzsche decía que el hombre es una cuerda entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo. De manera semejante, para Loxa, el hombre es una palpitante intriga entre suelo y cielo. Una convicción que reconoció autentificada en el empuje y latido del flamenco, que celebra la gravedad y el vuelo, la atracción al doble abismo, el de lo bajo y el del ascenso.


¿Cómo no iba a concordar esta visión de Loxa con la inquietud creativa del bailaor y coreógrafo Mario Maya, para quien el flamenco encerraba también el debate entre dolor y esplendor? ¿Y cómo no iba a cautivar este marco a la afanosa inquietud de Leonor Leal que llega a Loxa precisamente a través de Maya? En su pertinaz esfuerzo de apartar lo andaluz del tópico cultural y de la perversa violencia de un folklorismo obtuso, el poeta granadino miraba hacia lo jondo del flamenco, su cabo más íntimo. Ahí donde primero Maya y después Leal han venido artísticamente a profundizar por vía del baile.


Leonor Leal se ha encargado de precisar que esta pieza no es un “homenaje” a Loxa, sino una especie de retribución. El reconocimiento de la ascendencia que sobre sí ha tenido el ánimo y el trabajo del poeta granadino. Es un presente, en el sentido de regalo y en el sentido de presencia, un agradecimiento convocando en escena el genio poético y radiofónico de Loxa, tanto en su profunda oscuridad como en su luminosidad opalescente. Es un espectáculo en blanco -como el traje de Leonor en la primera parte- y negro -como su traje en la segunda-, un matrimonio contranatura, de la voz con el silencio, de lo aural con lo visual, de lo alto con lo bajo, del ala con la pezuña. “Tierra de luz”. Una parte con la otra.


Es de sobra conocido que a ella le interesa la comunicación. Es escritora, se preocupa por interrogar la tradición y la contemporaneidad, y es especialmente brillante en su labor de difusora, estudiosa y conferenciante. Pero el núcleo de su propio baile se orienta, en cambio, hacia un lugar distinto. Es menos expansivo que contractivo. Su principal desarrollo es hacia un lugar inextenso, donde no hay comunicado porque no hay vehículo de comunicación posible. Y aunque acompañada frecuentemente por extraordinarios y generosos colaboradores, su danza parece más bien una apoteosis de la soledad. O un horadar -término vinculado etimológicamente a “herida”- en un sitio sin recinto, una herida que no se ubica, el “Ay” que se inserta en este espectáculo. “Cielo de tierra”.
Los lexicógrafos señalan que el significado original del verbo fracassare era “fraccionar”. Y la danza se reconoce fraccionando el tiempo y el espacio. No a través de objetos últimos, obras que son finales, callejones sin salida. Sino mediante fracasos, intentos que terminan siendo fracciones y que requieren nuevos intentos que llevarán a nuevas divisiones. “Intenta otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, se reclamaba a sí mismo Samuel Beckett. Porque hay quienes, como él, han hecho de ese desafío (“fracasar mejor”) parte esencial de su preocupación poética, entre ellas Leonor Leal. La estética de la fractura de este espectáculo es apenas una leve muestra de esto. Una estética que aparece aquí no sólo en lo rapsódico de las citas radiofónicas de Loxa, con anuncios de época incluidos, o con recortes de periódicos, o trozos de poemas, sino también por los palos incompletos que esconde el espectáculo, y todo ese patchwork acústico y visual que invade la escena.


Pero, de nuevo, ese procedimiento no se restringe a estas Estampas. Es tan consubstancial a la poética de Leal que debería estudiarse con detenimiento. Para ella, “estar en el aire” -cayendo y ascendiendo, yendo al lugar donde el callar y el caer se juntan, donde el grito y el fulgor se unen- es la ofrenda natural del baile. Y este espectáculo es una especie de tiempo de tregua, donde se muestran las marcas de ese ser del flamenco al ser acompañado con la voz “On air” de un poeta.


VÍctor MolinaEl blog del Mercat – 06/02/2022

 

‘LOXA / Leonor Leal’, por Victor Molina

Un viaje a Granada desde la flamenca Utrera

Leonor Leal, una bailaora inquieta y personal donde las haya, conoció al poeta e intelectual granadino de Juan de Loxa en sus últimos años (este murió en 2017) y quedó tan fascinada por su personalidad que no ha dudado en dedicarle un homenaje que, dada la talla de la figura, tal vez no sea el último.


Un arriesgado proyecto, ya que todo homenaje crea expectativas en el espectador que son difíciles de colmar, por mucho que adviertan que no trata de ninguna semblanza biográfica.


En realidad, después de ver el espectáculo, los que no lo conocieron sabrán poco de él, salvo que hacía un provocador y exitoso programa de radio titulado, al igual que su revista, Poesía 70 (Premio Ondas 1982). Y los que lo conocieron -los que lo conocimos- siempre echarán de menos todo lo que falta, que es mucho, ya que no se puede resumir en una hora la dimensión política, literaria y humana de un intelectual que luchó a finales del franquismo por transformar la cultura andaluza. Ahí quedan, como puntas de lanza, los testimonios de Morente y de Mario Maya, para el que escribió las letras de sus emblemáticos espectáculos Ceremonial y ¡Ay, Jondo!


Si dejamos de lado esa dificultad, Loxa se presenta como un espectáculo sencillo, con el mismo planteamiento escénico que el anterior trabajo de Leal, Nocturno, es decir, con un suelo rectangular y un paramento en el fondo, esta vez una gran pantalla sobre la que se proyectan imágenes, muchas de ellas alusivas al poeta, como aquel proverbial ‘se proive el cante’). En escena, una mesa con ruedas llena de papeles y algunos elementos que pueden moverse fácilmente en el desarrollo de una acción que simula una emisión radiofónica –‘aquí Radio Bienal’, dice Tomás de Perrate, convertido en improvisado locutor- jalonada de números musicales.

Como hilo conductor, pues, se mantiene durante toda la pieza esa teatral y repetida fórmula, ejecutada por los músicos con dignidad y a veces con gracia, como con el poema satírico de Loxa que recita Antonio Moreno. El movimiento escénico es limpio y enriquecedor. Y ni más faltaba, sabiendo que han vuelto a colaborar los fundadores de la compañía Malpelo, María Muñoz y Pep Ramis. Sin embargo, lo que realmente convence de la propuesta es su entramado musical y dancístico.


Músicas populares, como esa preciosa granaína que toca Salvador Gutiérrez, y músicas más contemporáneas a cargo de los miembros de Proyecto Lorca. Incluso se canta un tango porteño en la voz recia y siempre impresionante de Perrate. Lo culto y lo popular dando lugar a la vanguardia, como diría el poeta de Loja. Estupenda también la aportación de una artista utrerana de la guitarra clásica, María Marín, que se adentra en el flamenco con una gran presencia y con una bonita voz que aún está tratando de colocar.


En medio de todos ellos, la jerezana afincada en Utrera Leonor Leal. Luminosa, pizpireta, sensual en su aspecto casi andrógino -con su pelo corto y sus trajes de chaqueta-, bailarina y bailaora, además de escritora de cuentos.


A pesar de su ya apreciable embarazo, Leal ofreció un auténtico recital de baile. Sutil y muy flamenca a la vez, recorrió con naturalidad todo el espacio buscando la complicidad de cada uno de los presentes. Con sus rápidos pies, dialogó e improvisó nuevas partituras con la percusión de Moreno o con el saxo de Jiménez, sacó sus alas de bailarina en un precioso dúo con Marín, se entregó con flamencura al taranto y, finalmente, con un enorme júbilo, nos regaló un fragmento de esas endiabladas cantiñas que, de seguro, bailó con el espíritu de Mario sobre su cabeza.


Rosalía GómezDiario de Sevilla – 27/09/2020

Bienal de Sevilla 2020: El teatro experimental de Leonor Leal

Si hay una artista flamenca que represente el arte del siglo veintiuno en todas sus dimensiones, esa es la jerezana Leonor Leal. Descriptiva y disrruptiva, presentó anoche en el Teatro Central en estreno absoluto Loxa, un homenaje al poeta granadino Juan de Loxa, al que ella considera como un Falla y Lorca de los años setenta, a su programa de radio Poesía 70, a Mario Maya y la innovación y ruptura con el flamenco del franquismo que supuso Camelamos Naquerar. A todo lo que representa al flamenco como un todo, no como una serie de partes.


Para Loxa, ha querido contar con la asesoría artística de Pedro G. Romero y la colaboración en la dirección de escena de Mal Pelo. Sus artistas, los habituales de Proyecto Lorca, Antonio Moreno en la percusión y Juan Jiménez en los saxos. La guitarra de Salvador Gutiérrez. Tomás de Perrate quien aquí además de cantar de todo, actúa como presentador de radio. Y la presencia impagable de María Marín, una utrerana afincada en Holanda, formada en guitarra clásica y reconvertida en guitarra y cantaora flamenca por vocación y exigencia del guión. Y lo hace de una forma tan sobresaliente que la distingue a nivel de protagonista.

Leonor es compleja como requiere todo trabajo de investigación. Hay que saber de antemano lo que se va a ver si se quiere seguir el hilo de lo que va sucediendo en escena. Hay que conocer a Juan de Loxa y su activismo radiofónico que Leonor conoció en sendas conversaciones con este poeta del flamenco que falleció en 2017. Ese comienzo que narra el proceso interno de un programa de radio, aquí radio Bienal, con Tomás de Perrate de locutor y los sonidos del programa tal como se producen en las entrañas del estudio. La intención más que biográfica, es a ratos más bien satírica.


Leonor, imagen de la ruptura con el flamenco tradicional, baila con el precioso traje de chaqueta y pantalón blanco y la melena corta ya característica que vimos en Nocturno. Estamos en un espacio de libertad que se remonta a ratos a los años treinta, cuando el flamenco se mezclaba con otras músicas en aquellos cafés cantantes que desaparecieron cuando aparecieron los tablaos en los años cincuenta, en pleno franquismo. Y así Tomás de Perrate, quien se atreve con todo y todo lo hace bien, canta entre otras cosas un tango porteño.


Con razón Loxa se subtitula Estampas y bailes a partir de aquellos experimentos radiofónicos destinados a transformar la cultura andaluza en el tardofranquismo de los años setenta, una época creativa que no ha vuelto a repetirse, quizá porque aquella circunstancia es irrepetible. Ahí entra Mario Maya con ese ¡Ay! descriptivo en la pantalla de fondo.


Leonor Leal ha vuelto a apostar por un minimalismo escénico, como si quisiera demostrar que lo importante en escena son las músicas flamencas y contemporáneas y los bailes, con entramado culto y popular siempre en vanguardia.


Y en medio de todo, con presencia constante en escena, Leonor, bailarina y bailaora, en masculino y femenino, con trazos de humor, sensual a ratos, innovadora siempre. Su baile es comparable a series de experimentación corporal de nuevas formas dancísticas que siempre llevan su sello de identidad propia. No se parece a nadie, quizá ni siquiera pretende parecerse a ella misma. Nos está diciendo continuamente que el baile es el lenguaje con el que se expresa, que cada situación requiere un movimiento que la describa. Siempre cómplice con sus artistas, dialoga con cada uno de ellos, muy flamenca con la guitarra, nuevas formas con los de Proyecto Lorca. Y sobresaliente en ese dúo prodigioso por taranto con María Marín, calificable como la guinda que no podía faltar, porque sin esa estampa el espectáculo quedaría incompleto.


El dúo con María y después ese final con todos los artistas en piña flamenquísima para apoyarla en la filigrana final, quizá recordando a Mario Maya con unas cantiñas muy personalizadas y unas alegrías rebosantes de flamencura. Para estas estampas finales, la bailaora se vistió de negro, pantalón y top.
Y ahora, tras la alegría del estreno absoluto en la Bienal, queda la complicada gestión de llevar el espectáculo a otros teatros de España y fuera de España en estos tiempos imprevisibles en los que lo único previsible es el largo plazo. Ojalá estuvieran en la Suma Flamenca de diciembre o en cualquiera de los ciclos de danza de los Teatros del Canal o en el Festival de Nîmes en enero o en Jerez en febrero… Pero es que hay otra y muy feliz circunstancia: la próxima maternidad de Leonor Leal.

Teresa Fernández HerreraAquí Madrid – 07/09/2020

Bienal de Sevilla 2020: El teatro experimental de Leonor Leal

Leal por partida doble

Leonor Leal estrena en la Bienal su última propuesta que homenajea la memoria del poeta y activista cultural Juan de Loxa.

Conocido por el programa de radio ‘Poesía 70’ que daba voz a los jóvenes poetas de esa generación, Juan de Loxa, poeta, intelectual y activista cultural, fue un artista de vanguardia que reivindicaba la cultura popular. Leonor tuvo el privilegio de compartir con él muchas sesiones de mesa camilla que le dejaron, como ella misma ha declarado “las neuronas bailando”. Con este espectáculo le rinde un singular homenaje que guarda lealtad a su afán investigador y al principio de libertad creativa que le transmitió el artista.

Si algo define a Leonor Leal, es su afán investigador, que en definitiva responde a la necesidad de encontrar un puente entre el flamenco tradicional y su inquietud vanguardista. Tal vez por ello la figura de Loxa le fascinó desde el principio. Él le prometió escribir algo para ella, pero la muerte se lo llevó antes de que pudiera cumplir con su palabra. Por todo ello Leonor, aunque parte del recuerdo del artista, aspira a definir un ejercicio de creación propia. Pero eso sí, arropada con una puesta en escena que remite al programa de radio que hizo popular Loxa.

De esa manera, Tomás de Perrate se convierte en un locutor de radio que nos envuelve en un manto de poesía con su voz afillada; Juan Jiménez cambia el saxo por el micrófono para recitar una poesía de corte vanguardista; y los músicos de Proyecto Lorca entonan una pieza musical a base de susurros, chasquidos, y los sonidos de un abanico que en las manos de Leonor lo mismo marca el compás que un cierre o un desplante.

Todo ello determina un espacio escénico poco habitual en el universo flamenco, que logra transmitir cercanía y extrañeza a un tiempo. Aunque con lo que de verdad Leonor nos atrapa es con la rotundidad y la limpieza de su taconeo en los tarantos; con la dulzura y emotividad con la que nos pellizca cuando se queda a solas con María Marín, que le canta y mientras toca la guitarra con una estampa que remite a la Serneta; y sobre todo con las alegrías finales, con las que Leonor consigue llenar de luz el escenario vestida de riguroso negro.


Debido al corte fragmentario que impone la puesta en escena, el ritmo del espectáculo resulta un tanto irregular, aunque remonta hacia la mitad cuando el flamenco se apodera del discurso y podemos deleitarnos con el magistral toque de Salvador Gutiérrez; el cante con sabor añejo de Tomás de Perrate; la dulzura de la voz María Muñoz, todo un hallazgo de cantaora, y el poderío de una Leonor Leal tan desafiante como gozosa.

 

Dolores Guerrero El Correo de Andalucía – 27/09/2020

Hablamos con Leonor Leal en la Bienal de Sevilla

Este pasado sábado, 26 de septiembre, La bailaora Leonor Leal se subía a las tablas del Teatro Central de Sevilla para presentar Loxa, su última creación.


Sin duda, Leonor ofreció una de las citas más interesantes y brillantes de esta Bienal de Sevilla. Baile, también teatro, poesía, buen cante, emoción… Loxa fue un espectáculo redondo. Una noche inolvidable para los que estuvimos allí. Así lo hizo ver el público en pie con su cálido y prolongado aplauso final. Su depurada técnica se aúna con una sensibilidad inquieta y creativa que la hace viajar por lugares mágicos, como en este caso la poesía y la figura de Juan de Loxa. Toda una demostración de madurez, elegancia, y maestría. Un baile depurado, pero cargado de chispa y duende. No se trata de un duende estridente, arrebatado; más bien el duende de Leonor es un duende poeta, enamorado de la belleza, que huye de lo vacuo o convencional. En Aforo Libre hemos querido aprovechar la ocasión para charlar con ella, y saber un poco más sobre esta pareja de hecho: Leonor Leal / Juan de Loxa.


Aforo Libre: Hola, Leonor. Nos alegra mucho poder charlar contigo. Y que hayas encontrado un ratito para nosotros, justo después de tu paso por la Bienal. ¿Cómo te presentarías para aquellos que aún no saben quién es Leonor Leal?


Leonor Leal: Pues diría que soy una bailaora con otras muchas inquietudes artísticas y con una pulsión muy grande de querer aprender siempre. Esta mezcla me lleva año tras año a meterme en líos de todo tipo.


A.L.: ¿Cómo llegas al flamenco? Háblanos un poco de cómo nace tu vocación por el baile.


L.L.: Pues en mi casa no hay nadie que se dedique al arte pero me apoyaron desde pequeña a tomar clases de danza y a formarme en lo que más me gustaba. Música y baile. Aún recuerdo cuando mi madre vio anunciada una escuela en el periódico y llamó por teléfono. Nos apuntó a mi hermana y a mí y desde el primer día de clase, sentí que era mi lugar con una certeza que me sorprende aún. De hecho, me remito a aquella sensación muy a menudo.
Empecé con danza clásica, piano y danza española. Luego descubrí el flamenco y ahí necesité volcarme con más dedicación. Quería conseguir esa libertad que me transmitía el flamenco.


A.L.: ¿Alguien en especial que destacarías por haberte contagiado esa pasión por el baile, por las tablas?


L.L.: Mi primera maestra de Ballet, Belén Fernández fue clave para mí. Conecté con ella y con su pasión. Con su pedagogía tan justa y tan coherente…su energía era y sigue siendo admirable. El espíritu de superación me lo enseñó ella y el amor a bailar y sentir la música también.


A.L.: ¿Quiénes te han inspirado? ¿Quiénes dirías que han sido tus maestros?


L.L.: Mis maestros en la etapa más profesional han sido todos aquellos con los que he trabajado. De todos aprendí mucho y cosas muy diferentes. Es cierto que con Andrés Marín estuve más tiempo de cerca así que tengo muchísimo que agradecerle. Diría que todos mis materiales rítmicos están muy basados en él. Y ahora, estoy muy centrada en la parte más escénica de los proyectos así que María Muñoz y Pep Ramis, dos veteranos de la danza de este país (Compañía Mal Pelo) son mis guías y mis mentores.
Un camino personal de crecimiento.


A.L.: ¿Qué dirías que es hoy para ti el flamenco?


L.L.: Es un camino personal de crecimiento y descubrimiento. Es un trayecto de largo recorrido y eso hace que siga en él y por supuesto se ha convertido en un modo de vida y sustento.


A.L.: Hace solo unos días te subiste al Teatro Central de Sevilla con ‘Loxa’. ¿Cómo nace este último trabajo?


L.L.: Conocí a Juan de Loxa hace unos años, cuando estaba buscando información sobre su colaboración con Mario Maya en los años 70. Quería saber de primera mano como habían sido aquellas experiencias escénicas, que nunca llegué a ver en directo. Juan había escrito el guión de Ceremonial y de ¡Ay Jondo! (dos espectáculos de Mario muy importantes para mí). Y encontré a un hombre sumamente interesante. Lleno de anécdotas que contarme, con una cultura y un saber inmenso, con humor, con pasión por la cultura…nos hicimos buenos amigos y tuvimos largas charlas que valían su peso en oro. Descubrí su generosidad y todo cuánto había aportado a tantos artistas de la época. Juan mantenía intacta su habilidad de inspirar a quién se acercaba a él y así ocurrió conmigo también. Más que un homenaje o tributo a su persona yo quería hacer algo bajo su impulso y así fue como comencé con este espectáculo.


A.L.: Es un proyecto muy personal, en el que asumes dirección, baile, coreografía y producción. Pero no subes sola. Estás muy bien acompañada. Háblanos un poco de tus compañeros en este viaje.


L.L.: Pues cuento con un elenco muy bien escogido pensando en la versatilidad de Loxa. Tengo a Proyecto Lorca compuesto por Antonio Moreno y Juan Jiménez, que cubrirán la parte más experimental y de música contemporánea. Cuento con la magistral guitarra de Salvador Gutiérrez (que tocó en su época para Mario y por tanto es una referencia musical que necesitaba), con Tomás de Perrate que su voz además de ser Jonda es perfecta para el tango porteño o para recuperar a Gillespie en una versión vocal que le queda que ni pintá y por último cuento con María Marín, guitarrista y cantaora de Utrera que lleva años afincada en Holanda. Tiene una gran presencia y mucho talento y le pedí que compusiera una versión de En un sueño viniste (que cantaba Morente) Ha salido una pieza llena de sensibilidad, y necesitaba esa dulzura también en el espectáculo. Hay de todo un poco, ¡y sobre todo hay un nivel profesional y humano muy alto! ¿Qué más puedo pedir?
Inquietud y curiosidad


A.L.: ¿Crees que hay en ti un modo especial de vivir el flamenco? ¿Crees que muestra algo de ti, de quién eres?


L.L.: Claro… supongo que hay aspectos, incluso, que sólo salen bailando y que ni yo misma soy consciente de ellos. Definirnos no nos gusta a casi nadie pero si de algo estoy orgullosa, es de mi inquietud y de mi curiosidad por saber y descubrir.


A.L.: ¿Qué opinas de la situación que está viviendo el flamenco en estos tiempos de pandemia?


L.L.: Ha salido a la luz todo lo que no funcionaba bien de antes de la pandemia y no sólo en el flamenco. Es un buen momento para poner orden. Es necesario la unión dentro del gremio para tener voz y creo que esta circunstancia es una gran oportunidad para ello.


A.L.: Finaliza esta Bienal de Flamenco tan peculiar y extraña. ¿Cómo la valorarías?


L.L.: No suelo ver nada antes de mi propio estreno y disfrutaré de lo que queda una vez que ya me quede tranquila de lo mío. Independientemente de las propuestas de mis compañeros, creo que esta Bienal ha sido un logro para todos y un reto muy grande. Veo positivo 100% que hayan luchado por mantenerla con uñas y dientes en estos momentos.


A.L.: Tenemos la costumbre de pedir al entrevistado que nos haga alguna recomendación cultural. ¿Te animas? ¿Algún espectáculo, libro, disco… qué no debamos dejar pasar?


L.L.: Libro: Páginas de la herida (John Berger). Disco: El nuevo de Dani de Morón que lo estoy descubriendo hoy. Espectáculo: Cualquier obra de la La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte.


A.L.: Enhorabuena por tu trabajo. Estaremos muy atentos a tus próximas citas. Y esperemos que alguna de ellas te traiga por Málaga. Ha sido un placer charlar contigo, y poder saber un poco más sobre ti.


L.L.: Gracias a vosotros!! Encantadísima de conoceros.

Manuel Malakawww.aforolibre.com – 03/10/2020